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viernes, 3 de septiembre de 2010

La hora de los valientes

Llega el momento clave de la competición, “la hora de los valientes”, los partidos en los que las diferencias las marcan los jugadores, las estrellas. Los entrenadores – los hay de altísimo nivel – y sus respectivos equipos técnicos trabajan a destajo para descifrar hasta el último detalle individual y colectivo del rival. Me consta que en la selección española ese trabajo alcanza la excelencia – Scariolo cuenta con ayudantes de lujo como Chus Mateo, Jenaro Díaz y Juan Orenga – y que el conocimiento de todas las habilidades del futuro adversario es extraordinario. Esas herramientas servirán de inestimable ayuda para afrontar el cruce con Grecia – ya lo fue en la final del Mundial de Japón, por cierto sin Pau – porque todo jugador se siente mucho más seguro sabiendo el cómo y el porqué de la actuación del adversario. Pero insisto, por encima de un aspecto clave en el baloncesto de alto nivel como es el de la táctica, debe aparecer el verdadero protagonista de este y cualquier deporte: el jugador.

Y si la Selección es la Selección, es decir, si cada uno de los jugadores que están sobre el parquet se parece a ellos mismos, triunfará. Porque si analizamos uno por uno a nuestros internacionales veremos que suman un montón de cualidades que los han consagrado como estrellas internacionales tanto individualmente como en sus respectivos clubes. Eso sí, por lo visto hasta ahora y también en anteriores campeonatos, esas virtudes de nuestros jugadores son verdaderamente diferenciales en un juego abierto, en un baloncesto “a toda la pista”, donde la velocidad de jugadores como Ricky, Raül, Llull o Rudy consigue liberar a “finalizadores” como Navarro o Mumbrú. Porque si analizamos el rendimiento español veremos que nuestros pivots son realmente peligrosos corriendo mucho más rápido de que sus rivales por la calle central y hundiendo la defensa para permitir así el lucimiento de otro extraordinario “finalizador” como Garbajosa. Defender y correr ha sido y es una de las características que siempre ha identificado nuestro baloncesto y con el aumento del talento esas virtudes se han convertido en incontestables.

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