Traduce este Blog a: Inglés Francés Alemán Italiano Chino

jueves, 31 de diciembre de 2009

Compartir conocimiento ¡Feliz 2010!

El baloncesto español está, más que nunca, en disposición de compartir y repartir conocimiento, seguramente, el valor más importante.

Hace tiempo que leí una frase referente a la necesidad de creer en utopías. Estoy de acuerdo. Todos los que amamos el baloncesto desde hace unas cuantas décadas vivimos el presente con la satisfacción de confirmar como lo que hace años parecía imposible hoy es una realidad. La utopía se ha cumplido, al menos en el baloncesto, gracias a que la eficiencia en el trabajo de muchos ha ido acompañada de las necesarias dosis de ilusión sin las que es imposible acometer ningún éxito.

Contemplar el panorama actual de nuestro baloncesto, tanto en lo referente a los éxitos individuales de nuestras como de los éxitos de nuestras selecciones masculinas y femeninas, en la élite y en la formación y de las competiciones FEB, representa haber cumplido e incluso superado con creces los objetivos marcados hace más de una década.

Pienso que vale la pena consolidar y si es posible incrementar los éxitos de la élite y la vez plantear nuevas utopías relacionadas con el baloncesto menos visible. El trabajo de formación de entrenadores y posterior formación continua a través de diferentes plataformas está llegando a cada vez más rincones – ya no sólo de España sino internacionalmente - para beneficio de miles de jugadores y jugadoras que se inician en nuestro deporte. Esa transmisión y ya exportación de experiencias está contribuyendo no sólo a ser mejores sino a sentir la necesidad y obligación de seguir siéndolo.

El éxito es la plataforma ideal desde donde abrazar el baloncesto en toda su dimensión para hacerlo crecer desde los orígenes más humildes. El baloncesto español está, más que nunca, en disposición de compartir y repartir conocimiento, seguramente, el valor más importante. Así lo viene haciendo y así pretende seguir. Merece la pena por muchas razones entre otras porque no hay mejor manera que alcanzar la felicidad que a través de la generosidad.

sábado, 26 de diciembre de 2009

"La venta del producto"


"…me provoca cierta reflexión que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás…"

Real Madrid y Barcelona afrontan un clásico que a los que ya hemos vivido todas las ediciones de la ACB nos retorna al pasado. Como si el tiempo no hubiese transcurrido durante las últimas décadas o como si esa apuesta por la modernidad hubiese tomado un rumbo de retorno hacia lo que fue y de lo que, paradójicamente, se quiso huir.

Un clásico entre Real Madrid y Barcelona, en domingo tarde, por Televisión Española, con trascendencia directa en una liga en la que todos coinciden que está claramente dominada por ambos, quienes por cierto viven 10 millones de euros (más 1.600 millones de las antiguas pesetas) por encima del tercer presupuesto y además sin coincidencia con el fútbol representa conseguir la atención máxima de todos los medios de comunicación y de todos los aficionados. Un clásico que se convierte en un fenómeno baloncestístico tan sólo comparable, aunque a distancia, al interés que despierta la Selección.

O sea, que todo ese largo viaje de más de dos décadas concluye, o va concluyendo, en nuevamente el dominio avasallador de los dos grandes clubes de fútbol de nuestro país. Como factor promocional no me parece mal ya que a ese partido se unen de pronto millones de aficionados que viven ajenos a la competición y todos esos medios de comunicación que le dedican poco espacio y menos tiempo. Pero me provoca ciertas dudas que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás. Y más dudas aún cuando compruebe la satisfacción que provocarán las altas cifras de audiencia. Más o menos igual que cuando se enfrentaban Fernando Martín y Norris…

martes, 22 de diciembre de 2009

Wooden y Messina

Columna publicada en Gigantes del Basket

Los jugadores entrenados por el mítico técnico de UCLA, John Wooden, considerado por muchos como el mejor de los mejores en la historia de baloncesto, coincidían en afirmar que en los entrenamientos no había descanso – cuentan que ni sillas, ni agua – y que la exigencia era brutal durante las dos horas exactas, ni un minuto más ni uno menos, que duraba la sesión. Cuentan que Wooden buscaba siempre la intensidad y velocidad máxima durante todos los ejercicios y especialmente en los “cinco contra cinco” de los entrenamientos para, sorprendentemente, relajar la tensión e incluso la velocidad en el juego durante el desarrollo de algunos partidos. Era, dicen, uno de los secretos del éxito de Wooden. Es decir, que lo que se entrenaba era la capacidad mental para resistir en los partidos la máxima intensidad física para luego aplicar la forma de jugar más conveniente en cada momento.

Hace unos meses, en una conversación con Andersen, el pivot australiano que coincidió con Messina en el CSKA de Moscú confesaba que la exigencia de Messina en las sesiones de entrenamiento era total desde el primer día de la pretemporada hasta el último. Que no había posibilidad para la relajación y que eso provocaba que, cuando llegaban los partidos decisivos, el jugador siempre rindiese a buen nivel porque no había “mayor presión que a la que te sometía Messina”.

Contemplando el primer cuarto del partido del Real Madrid en el OAKA no he podido evitar acordarme de los testimonios de los jugadores entrenadores por Wooden – 10 títulos de la NCAA con UCLA – y del de Andersen. Seguramente el secreto del máximo rendimiento en el baloncesto andará cerca del conseguir conjugar la máxima intensidad física y emocional combinada con la tranquilidad, con el control del ritmo del partido, con la lectura adecuada de las ventajas. Una difícil combinación de virtudes que sólo están al alcance de los mejores jugadores siempre y cuando, eso sí, estén entrenados por los mejores entrenadores.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuestión de generosidad



"Más que el hecho de que lleguen a jugar a alto nivel intenta primero que tus jugadores no dejen el baloncesto"

El club para el que colaboro, el Basquet Castelldefels, es en mi opinión un buen ejemplo de inquietud por la investigación y mejora en los procesos formativos de, primero los entrenadores, y como consecuencia, de los jugadores. Reuniones, debates, transmisión de experiencias entre entrenadores veteranos y noveles. Curiosidad por trabajar adecuadamente tanto desde el punto de vista técnico, táctico, físico y, sobretodo, psicológico. Según mi opinión, existe una única razón de ser de los entrenadores: ayudar a los jugadores.

Llego a la conclusión, tras asistir a las primeras reuniones con los entrenadores de este singular y, sinceramente y tras haber pasado por varios, admirable club desde el punto de vista de organización deportiva, que el único camino para que el baloncesto mejore es el de insistir en la generosidad de los entrenadores con respecto al baloncesto. Que lo realmente importante es que cada uno de los jugadores, desde la escuela de iniciación hasta el senior, disfrute con lo que hace más allá del talento, del nivel o del cumplimiento de las expectativas. Que mucho más importante que el de que lleguen a jugar a alto nivel es que, por favor, no dejen el baloncesto por culpa de un entrenador poco preparado o equivocado en su filosofía.

Y esos principios basados en la generosidad para nada van reñidos con la disciplina, con la enseñanza de una buena educación deportiva. Los jugadores de todas las edades agradecen la existencia de un marco definido, de unas normas de obligado cumplimiento. Pero todo eso tiene que ir acompañado de buena preparación, en todos los niveles, de sus entrenadores.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Fernando Martín (Desde Barcelona)

Decía recientemente Clifford Luyk que para mirar al futuro debemos reconocer nuestros orígenes. Los pivots del presente y del futuro deben saber quien era Fernando Martín. Deben ver sus duelos con Audie Norris.

http://www.youtube.com/watch?v=6WRqOtNXef8

http://www.youtube.com/watch?v=nhnJdyZ3o3Y&feature=related


Todavía hoy siento un escalofrío cuando recuerdo el impacto recibido a través de la radio esa fría tarde de domingo. Me vienen a la mente las imágenes de aficionados del Palau Blaugrana echándose las manos a la cabeza al conocer por megafonía la noticia del mortal accidente de Fernando Martín. Siento ese helado silencio que se apoderó del pabellón del Barcelona, de los rostros perdidos de Sibilio, Epi, Solozabal, en la pista, obligados a jugar un partido sin sentido. Han pasado dos décadas y mi memoria, que por el camino ha perdido tantas imágenes, conserva intacta todas aquellas y las que en los siguientes días nos llegaban a través de la televisión o de la prensa.

Insisto en que la muerte prematura mitifica pero creo sinceramente que Fernando Martín se hubiese convertido igualmente en un mito del baloncesto aunque hoy siguiese entre nosotros. Viví su trayectoria deportiva desde la distancia, desde Barcelona, desde una óptica que convertía a Fernando Martín en un tipo orgulloso, capaz de desafiar a todos, capaz de volver en contra todo un Palau Blaugrana y pegarse literalmente con el ídolo local, Audie Norris, en unos enfrentamientos tan extraordinarios que ni los árbitros querían impedir. Siempre consideré a FM como un tipo moderno, avanzado a su tiempo.

Vale la pena recuperar imágenes de los enfrenamientos de la década de los ochenta entre el Real Madrid y el Barcelona, entre Fernando Martín y Audie Norris y recrearse viendo como luchaban por ganar la posición en el poste bajo. Vale la pena ver la honestidad de dos estrellas en un pulso físico nunca visto antes… ni después. Ellos luchaban hasta el límite de lo legal e incluso cruzaban esa línea de lo permitido pero tan bella y noble era la pelea que los árbitros no sabían o quizás no querían impedirla.

Y al final de la batalla, cuando todo había acabado, cuando el marcador había dado alegría para uno y desencanto para el otro, Martín y Norris se fundían en un abrazo de respeto, cruzaban con su mirada un guiño de complicidad y se citaban para la próxima ocasión. Esa gélida tarde de domingo, Norris, los aficionados, el baloncesto, se quedó sin la próxima ocasión. Decía recientemente Clifford Luyk que para mirar al futuro debemos reconocer nuestros orígenes. Los pivots del presente y del futuro deben saber quien era Fernando Martín. Deben ver esas imágenes.