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domingo, 4 de julio de 2010

Entrenadores que regalan baloncesto


Creo que los jugadores y entrenadores referentes así como los clubes importantes y las instituciones representativas de la élite deben adoptar la sana costumbre de regalar baloncesto

Hablo con Middleton, 44 años y en activo a máximo nivel, y me recuerda la importancia de entrenarse en verano. De aprovechar la calma estival para mejorar aspectos físicos o técnicos, o de conocimiento del juego y mientras lo escucho me acuerdo de entrenadores que en verano regalan baloncesto a aquellos jugadores interesados en mejorar. Desde hace un par años organizo conjuntamente con mi club el Campus Elitebaix y “abuso” de la buena relación que me une con algunos entrenadores para provocar que inviertan unas horas junto a una veintena de chavales con ganas de mejorar. El año pasado fueron Pedro Martínez, Chema Solsona, Mateo Rubio y Jordi Balaguer – estos dos últimos han repetido este año – y en la actual edición han venido a Castelldefels Jaume Ponsarnau y Borja Comenge. Los jugadores han agradecido muchísimo los consejos, los entrenamientos de estos técnicos y varios entrenadores del club se han beneficiado de sus conocimientos viéndolos dirigir la sesión. En Can Vinader, pabellón del CB Castelldefels, se ha vuelto a crear esa sensación de transmisión de experiencias, de generosidad tanto en el que regala como en el que recibe. Porque los jugadores se han entregado pero es que los entrenadores también creándose una relación fabulosa entre unos y otros y saliendo, como máximo beneficiario, el baloncesto.

Me consta que en muchos lugares se organizan iniciativas privadas de este tipo. Que son bastantes las personas o los clubes que, como nosotros, arrastran a entrenadores de nivel a dirigir sesiones de jugadores de un nivel más discreto quizás pero de una vocación tan alta como el que más. Y quiero felicitar, más que agradecer, a estos entrenadores por su inteligencia, por su calidad profesional y humana, por su humildad, por su generosidad. Sí felicitar más que agradecer porque esas virtudes son un privilegio para ellos y en consecuencia para el baloncesto.

Creo que los jugadores y entrenadores referentes así como los clubes importantes y las instituciones representativas de la élite deben adoptar la sana costumbre de regalar baloncesto. Sí, sí, hablo de regalar, de dar todo, como he visto a hacer a los entrenadores antes mencionados – Ponsarnau y Comenge hicieron casi doscientos quilómetros para realizar un entrenamiento – a cambio de nada… bueno, de nada no, a cambio de la expresión de satisfacción de unos cuantos chavales con ganas de mejorar. El baloncesto siempre se ha caracterizado por la generosidad y, como siempre me recuerda Pedro Martínez, los entrenadores no se guardan nada y les gusta compartir conocimientos. Que siga siendo así y que los que consiguen el premio de llegar arriba sean todavía más generosos y transmitan ese ejemplo transmitiendo sus experiencias. Gracias a los mencionados y a todos los que este verano y durante toda la temporada actúan de manera similar. La transmisión de experiencias y fusión entre el baloncesto conocido junto al “invisible” beneficia enormemente a nuestro deporte.

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