"…me provoca cierta reflexión que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás…"
Real Madrid y Barcelona afrontan un clásico que a los que ya hemos vivido todas las ediciones de la ACB nos retorna al pasado. Como si el tiempo no hubiese transcurrido durante las últimas décadas o como si esa apuesta por la modernidad hubiese tomado un rumbo de retorno hacia lo que fue y de lo que, paradójicamente, se quiso huir.
Un clásico entre Real Madrid y Barcelona, en domingo tarde, por Televisión Española, con trascendencia directa en una liga en la que todos coinciden que está claramente dominada por ambos, quienes por cierto viven 10 millones de euros (más 1.600 millones de las antiguas pesetas) por encima del tercer presupuesto y además sin coincidencia con el fútbol representa conseguir la atención máxima de todos los medios de comunicación y de todos los aficionados. Un clásico que se convierte en un fenómeno baloncestístico tan sólo comparable, aunque a distancia, al interés que despierta la Selección.
O sea, que todo ese largo viaje de más de dos décadas concluye, o va concluyendo, en nuevamente el dominio avasallador de los dos grandes clubes de fútbol de nuestro país. Como factor promocional no me parece mal ya que a ese partido se unen de pronto millones de aficionados que viven ajenos a la competición y todos esos medios de comunicación que le dedican poco espacio y menos tiempo. Pero me provoca ciertas dudas que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás. Y más dudas aún cuando compruebe la satisfacción que provocarán las altas cifras de audiencia. Más o menos igual que cuando se enfrentaban Fernando Martín y Norris…