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sábado, 26 de diciembre de 2009

"La venta del producto"


"…me provoca cierta reflexión que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás…"

Real Madrid y Barcelona afrontan un clásico que a los que ya hemos vivido todas las ediciones de la ACB nos retorna al pasado. Como si el tiempo no hubiese transcurrido durante las últimas décadas o como si esa apuesta por la modernidad hubiese tomado un rumbo de retorno hacia lo que fue y de lo que, paradójicamente, se quiso huir.

Un clásico entre Real Madrid y Barcelona, en domingo tarde, por Televisión Española, con trascendencia directa en una liga en la que todos coinciden que está claramente dominada por ambos, quienes por cierto viven 10 millones de euros (más 1.600 millones de las antiguas pesetas) por encima del tercer presupuesto y además sin coincidencia con el fútbol representa conseguir la atención máxima de todos los medios de comunicación y de todos los aficionados. Un clásico que se convierte en un fenómeno baloncestístico tan sólo comparable, aunque a distancia, al interés que despierta la Selección.

O sea, que todo ese largo viaje de más de dos décadas concluye, o va concluyendo, en nuevamente el dominio avasallador de los dos grandes clubes de fútbol de nuestro país. Como factor promocional no me parece mal ya que a ese partido se unen de pronto millones de aficionados que viven ajenos a la competición y todos esos medios de comunicación que le dedican poco espacio y menos tiempo. Pero me provoca ciertas dudas que la “venta del producto”, principal razón de ser por cierto, obtenga hoy unos resultados no muy distantes a los que ya obtenía décadas atrás. Y más dudas aún cuando compruebe la satisfacción que provocarán las altas cifras de audiencia. Más o menos igual que cuando se enfrentaban Fernando Martín y Norris…

martes, 22 de diciembre de 2009

Wooden y Messina

Columna publicada en Gigantes del Basket

Los jugadores entrenados por el mítico técnico de UCLA, John Wooden, considerado por muchos como el mejor de los mejores en la historia de baloncesto, coincidían en afirmar que en los entrenamientos no había descanso – cuentan que ni sillas, ni agua – y que la exigencia era brutal durante las dos horas exactas, ni un minuto más ni uno menos, que duraba la sesión. Cuentan que Wooden buscaba siempre la intensidad y velocidad máxima durante todos los ejercicios y especialmente en los “cinco contra cinco” de los entrenamientos para, sorprendentemente, relajar la tensión e incluso la velocidad en el juego durante el desarrollo de algunos partidos. Era, dicen, uno de los secretos del éxito de Wooden. Es decir, que lo que se entrenaba era la capacidad mental para resistir en los partidos la máxima intensidad física para luego aplicar la forma de jugar más conveniente en cada momento.

Hace unos meses, en una conversación con Andersen, el pivot australiano que coincidió con Messina en el CSKA de Moscú confesaba que la exigencia de Messina en las sesiones de entrenamiento era total desde el primer día de la pretemporada hasta el último. Que no había posibilidad para la relajación y que eso provocaba que, cuando llegaban los partidos decisivos, el jugador siempre rindiese a buen nivel porque no había “mayor presión que a la que te sometía Messina”.

Contemplando el primer cuarto del partido del Real Madrid en el OAKA no he podido evitar acordarme de los testimonios de los jugadores entrenadores por Wooden – 10 títulos de la NCAA con UCLA – y del de Andersen. Seguramente el secreto del máximo rendimiento en el baloncesto andará cerca del conseguir conjugar la máxima intensidad física y emocional combinada con la tranquilidad, con el control del ritmo del partido, con la lectura adecuada de las ventajas. Una difícil combinación de virtudes que sólo están al alcance de los mejores jugadores siempre y cuando, eso sí, estén entrenados por los mejores entrenadores.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuestión de generosidad



"Más que el hecho de que lleguen a jugar a alto nivel intenta primero que tus jugadores no dejen el baloncesto"

El club para el que colaboro, el Basquet Castelldefels, es en mi opinión un buen ejemplo de inquietud por la investigación y mejora en los procesos formativos de, primero los entrenadores, y como consecuencia, de los jugadores. Reuniones, debates, transmisión de experiencias entre entrenadores veteranos y noveles. Curiosidad por trabajar adecuadamente tanto desde el punto de vista técnico, táctico, físico y, sobretodo, psicológico. Según mi opinión, existe una única razón de ser de los entrenadores: ayudar a los jugadores.

Llego a la conclusión, tras asistir a las primeras reuniones con los entrenadores de este singular y, sinceramente y tras haber pasado por varios, admirable club desde el punto de vista de organización deportiva, que el único camino para que el baloncesto mejore es el de insistir en la generosidad de los entrenadores con respecto al baloncesto. Que lo realmente importante es que cada uno de los jugadores, desde la escuela de iniciación hasta el senior, disfrute con lo que hace más allá del talento, del nivel o del cumplimiento de las expectativas. Que mucho más importante que el de que lleguen a jugar a alto nivel es que, por favor, no dejen el baloncesto por culpa de un entrenador poco preparado o equivocado en su filosofía.

Y esos principios basados en la generosidad para nada van reñidos con la disciplina, con la enseñanza de una buena educación deportiva. Los jugadores de todas las edades agradecen la existencia de un marco definido, de unas normas de obligado cumplimiento. Pero todo eso tiene que ir acompañado de buena preparación, en todos los niveles, de sus entrenadores.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Fernando Martín (Desde Barcelona)

Decía recientemente Clifford Luyk que para mirar al futuro debemos reconocer nuestros orígenes. Los pivots del presente y del futuro deben saber quien era Fernando Martín. Deben ver sus duelos con Audie Norris.

http://www.youtube.com/watch?v=6WRqOtNXef8

http://www.youtube.com/watch?v=nhnJdyZ3o3Y&feature=related


Todavía hoy siento un escalofrío cuando recuerdo el impacto recibido a través de la radio esa fría tarde de domingo. Me vienen a la mente las imágenes de aficionados del Palau Blaugrana echándose las manos a la cabeza al conocer por megafonía la noticia del mortal accidente de Fernando Martín. Siento ese helado silencio que se apoderó del pabellón del Barcelona, de los rostros perdidos de Sibilio, Epi, Solozabal, en la pista, obligados a jugar un partido sin sentido. Han pasado dos décadas y mi memoria, que por el camino ha perdido tantas imágenes, conserva intacta todas aquellas y las que en los siguientes días nos llegaban a través de la televisión o de la prensa.

Insisto en que la muerte prematura mitifica pero creo sinceramente que Fernando Martín se hubiese convertido igualmente en un mito del baloncesto aunque hoy siguiese entre nosotros. Viví su trayectoria deportiva desde la distancia, desde Barcelona, desde una óptica que convertía a Fernando Martín en un tipo orgulloso, capaz de desafiar a todos, capaz de volver en contra todo un Palau Blaugrana y pegarse literalmente con el ídolo local, Audie Norris, en unos enfrentamientos tan extraordinarios que ni los árbitros querían impedir. Siempre consideré a FM como un tipo moderno, avanzado a su tiempo.

Vale la pena recuperar imágenes de los enfrenamientos de la década de los ochenta entre el Real Madrid y el Barcelona, entre Fernando Martín y Audie Norris y recrearse viendo como luchaban por ganar la posición en el poste bajo. Vale la pena ver la honestidad de dos estrellas en un pulso físico nunca visto antes… ni después. Ellos luchaban hasta el límite de lo legal e incluso cruzaban esa línea de lo permitido pero tan bella y noble era la pelea que los árbitros no sabían o quizás no querían impedirla.

Y al final de la batalla, cuando todo había acabado, cuando el marcador había dado alegría para uno y desencanto para el otro, Martín y Norris se fundían en un abrazo de respeto, cruzaban con su mirada un guiño de complicidad y se citaban para la próxima ocasión. Esa gélida tarde de domingo, Norris, los aficionados, el baloncesto, se quedó sin la próxima ocasión. Decía recientemente Clifford Luyk que para mirar al futuro debemos reconocer nuestros orígenes. Los pivots del presente y del futuro deben saber quien era Fernando Martín. Deben ver esas imágenes.

sábado, 21 de noviembre de 2009

¿A qué jugador le distes los primeros 400 minutos?

“Todas las canteras son buenas pero nosotros vamos por delante porque los ponemos en el equipo sin miedo” (Pep Guardiola)


Leo la frase de Pep Guardiola, un referente para todos los entrenadores de cualquier deporte, y me viene inmediatamente a la cabeza una reflexión que recientemente me hacía Alfred Julbe sobre la importancia de los “primeros 400 minutos” de los jóvenes en el baloncesto senior. Esa transición necesaria para adaptarse a otra manera de jugar, a otra velocidad, a otra forma de relacionarse con compañeros y entrenadores, a nuevas dificultades físicas… Sigo recopilando información y encuentro en otra reflexión de Sito Alonso un perfecto argumento para potenciar los jugadores de cantera. "Nosotros no podemos tener una batería de recursos tácticos muy elevada constante porque ello dificultaría la integración de los jugadores de cantera. El jugador joven no está acostumbrado a una gran batería de recursos tácticos y por lo tanto su inmersión en el primer equipo es más fácil si se encuentra en el equipo senior con cuatro o cinco conceptos generales a los que ya está acostumbrado en los equipos de formación. En el Joventut cuando el jugador de cantera se mete desde infantil, todos los equipos tienen el mismo sello del senior. Por eso es más fácil para ellos luego entrar en el primer equipo”. Vuelvo al fútbol, a Guardiola, y recuerdo imágenes suyas en el palco viendo jugar al juvenil de Barça, con los mismos sistemas que el primer equipo… De Julbe rescato otra reflexión relativa a “la importancia, dado hacia donde viaja el baloncesto actual, de formar jugadores capaces de crearse sus propios tiros”. De Xavi Pascual y el propio Sito Alonso otras sobre la imperiosa necesidad de “individualizar la formación de los jugadores”.

Utilicemos esa orientación de gente experta y capacitada, de gente de diferentes perfiles, objetivos e incluso especialidades. Unamos esos mensajes que transmiten relativos a, primero saber qué necesidades tendrán. Segundo, cómo conviene enseñarlas. Tercero, cómo ayudar a que la transición sea un poco más fácil. Y cuarto, volviendo a la frase inicial de Guardiola, aparquemos el miedo a la hora de apostar por los jóvenes. Seguiremos recopilando mensajes y transmitiéndolos. Y eso apliquémonoslo TODOS los entrenadores, desde la élite hasta los “invisibles”. Por cierto, hago una propuesta a los entrenadores que lean este post ¿A qué jugadores le distes tú los primeros 400 minutos?

martes, 17 de noviembre de 2009

Entrenar la CALIDAD


En este baloncesto de máxima intensidad, de defensas cada vez más fuertes y mejor organizadas, de menos espacios por el volumen y capacidad física de los jugadores la CALIDAD se convierte en la herramienta fundamental para, primero sobrevivir, después destacar.

Las cualidades físicas adecuadas se convierten ya en un elemento indiscutible, en una capacidad imprescindible para jugar ya no sólo al máximo nivel, sino a cualquier nivel mínimanente serio. Junto a las cualidades físicas debe existir una capacidad de concentración en el trabajo - entrenamientos y partidos - que se adquiere desde la educación deportiva que el jugador ha recibido en su etapa de formación. Una capacidad de autoentrenamiento que motive al jugador a seguir progresando. Hablamos de condiciones básicas para poder formar parte de un equipo SERIO. Y a estas premisas, evidentemente, unimos unas habilidades técnicas adecuadas a la categoría en la que se juegue.

Esa combinación de virtudes será la que determine el nivel del jugador. La que le dé oportunidad para jugar en unas categorías más o menos altas. Pero una vez conseguidas esas capacidades, el factor diferencial lo marcará la CALIDAD. Y me refiero a calidad tanto en la ejecución técnica de los fundamentos básicos – bote, pase, tiro – como en la toma de decisiones – lectura del juego – y, cada vez más importante, finalización de las acciones. En una reciente conversación con Gonzalo García de Vitoria, entrenador del Melilla Baloncesto y durante muchos años vinculado al trabajo de formación en la Federación Española, incidía en la importancia de saber enseñar el qué y cómo pero, algo más importante aún, el cuándo.

Y esta reflexión que puede parecer obvia para algunos y en todo caso muchas veces repetida pienso que adquiere una todavía mayor relevancia en el baloncesto actual y sobretodo en el baloncesto de futuro. Porque ya no será un requisito imprescindible sólo para llegar a la élite sino incluso para poder sobrevivir con garantías en categorías más bajas. Sólo los juniors que además de las capacidades básicas de autoentrenamiento antes mencionadas tengan CALIDAD, tanto en la ejecución y finalización como en la toma de decisiones, podrán hacerse un hueco dentro de los seniors. Y no hablo de seniors de ACB o Ligas Adecco. Bajo hasta las ligas autonómicas que uno las conoce bastante bien.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Alfred Julbe y Manel Núñez


Hace muchos años comía con Alfred Julbe en un restaurante de menús en Badalona y le escuchaba atento su ya interesantes disertaciones sobre baloncesto. Entonces Julbe era un joven entrenador de élite que desafiaba desde el Joventut a los veteranos técnicos de la ACB con propuestas valientes y eficaces. Yo hacía de periodista en Gigantes del Basket y entrenaba algún equipo. Era Julbe uno de esos entrenadores de nueva generación que causaba admiración entre los entrenadores también de nueva generación.

Pasaron los años y yo seguí con mi doble actividad, una profesional como la del periodismo y otra vocacional como la de entrenar y de los muchos jugadores que tuve la oportunidad de “estropear” su progresión apareció uno llamado Manel Núnez, un chaval delgaducho que se pasaba horas con un balón en las manos en las viejas instalaciones de un entrañable club como es el Centre Catolic de L´Hospitalet. Manel, “Manelillo”, era “el talento”, la ilusión, la vocación de un chaval entusiasmado con el baloncesto. Recuerdo aquel año como entrenador del junior del Catolic con un sentimiento muy especial y también recuerdo – y mucho – al padre de Manel sentado a mi lado durante los partidos, como delegado del equipo, aguantando con disimulo mis enfados con su hijo por no bajar el culo en defensa y disfrutando con euforia contenida de esas canastas que sólo su chaval era capaz de hacer ante rivales mucho más musculados que "su" Manelillo. Una de las muchas satisfacciones que me ha dado el baloncesto como “entrenador invisible” viene precisamente de una bonita llamada de Manel el día que debutó con el senior del Cornellà en LEB…

Los años siguieron pasando y de pronto el baloncesto - o mejor el caprichoso destino - provoca que Alfred Julbe y Manel Núñez, esas dos personas que el baloncesto me presentó por vías diferentes coincidan como entrenador y jugador en un mismo equipo, en el Andorra, en la Adecco Plata mientras yo sigo con lo mismo, combinando, como hacen miles de “entrenadores invisibles” tareas profesionales y deportivas. Las Ligas Adecco son fabulosas porque, entre muchas otras virtudes, consiguen unir el baloncesto de todas las procedencias. Por cierto, mucha suerte a los dos.

Nota: Manel, un fuerte y sincero abrazo